Esta semana la Iglesia celebra el Domund, dedicado en especial a los misioneros y misioneras que colaboran en obras de evangelización, educación y compromiso social en los lugares del mundo donde nadie más llega. Como comunidad nos sentimos inspirados por la vocación evangelizadora de San Francisco Javier, patrono de las misiones. Su disposición y pasión para darlo todo por Cristo fueron instrumento de envío hacia Oriente. Asimismo, Francisco Javier hace referencia en sus cartas al catecismo de las siete virtudes, que como jóvenes nos pueden iluminar a orientar nuestra misión.

En primer lugar, agrupa tres virtudes teologales. La FE, raíz de su vocación como misionero, arraigada en su amor por Cristo y compañera de viaje. La ESPERANZA, él desconocía cómo iba a ser la población cada vez que llegaba a un destino, pero confiaba en la gracia de Dios a la hora de predicar. Y la CARIDAD, un compromiso orientado a realidades fraternas y ajeno a cualquier discriminación antropológica.

Las otras virtudes las denomina virtudes carnales. Primeramente, la PRUDENCIA, hombre extrovertido, activo e inagotable hace uso de ella cuando se encuentra ante la incertidumbre de convivir con culturas desconocidas. La segunda, la FORTALEZA, necesaria para implicarse en las necesidades de servicio, a través del agradecimiento a Dios de los dones recibidos. En tercer lugar, la TEMPLANZA, un buen indicador de que uno no se encuentra ni demasiado relajado ni en una tensión que desgasta innecesariamente. Por último, fue promotor de la JUSTICIA como parte de la identidad de los misioneros y en concreto de los jesuitas, quienes siempre han apostado por defenderla. 

En definitiva, agradecerle a Dios las vocaciones misioneras que acercan la Palabra de Dios a quienes tienen sed de ella. Pedirle también a San Francisco Javier que como comunidad cristiana de jóvenes interceda por nosotros, a fin de que sepamos poner en práctica estas virtudes en nuestras misiones concretas y cotidianas.

 

                                                                                                      José Antonio García-Argudo Ariño

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